He quemado las velas de mi barco,
el timón, los remos y las boyas,
los mapas y las cartas de navío,
la brújula y la rosa de los vientos.
La cubierta de mi alma está vacía,
el mástil en cenizas;
y sobre la pira infernal de mi holocausto
inmolo el cuerpo inerte
del último
palomo mensajero.
Y así, sola, ahora,
en medio del océano, pregunto:
¿Qué más quieres de mí?
Si te lo he dado todo...
¿Cuántas veces me pediste que zarpara
dejando a mis espaldas
muchas cosas...casi todo?
¿Una, dos, tres veces?
¡Esta es la cuarta!
¿Fueron malas las otras?
¿No estuviste conforme con aquellas?
¿Y ahora... lo estás?
¿Estás conforme?
Mira lo que soy...
¡No soy nada!
Un guiñapo, un gusano moribundo
hecho trizas en tus manos;
no soy nada...
nada tengo...
estoy vacía,
vacía por completo,
mortalmente sola
en medio del océano.
¿Qué más quieres de mí?
¡Dímelo!
¿Es así como me quieres?
ciega, sorda, inmóvil, muda,
desnuda y casi muerta?
Nada me queda del pasado,
nada espero del presente.
Y ahora dime...
¿Qué harás conmigo?
¿Partirás mis despojos
a las aves de rapiña?
¿Me harás presa frugal
de un hambriento tiburón?
¿Abandonarás mi cuerpo exánime
en altamar
esperando a ver qué ocurre?
¿O tal vez ... dejarás
que me consuma en mi deseo?
¿Quieres resecar al sol
la sangre de mis venas,
amortiguar con sal
los latidos de mi cuerpo,
acallar con el viento marino
los gritos de socorro de mi boca,
o burlarte un poco de mi angustia
y jugar al escondite?
¡Tengo miedo!
Ahora todo calla,
todo cesa...
y en el silencio
oigo a mi espíritu gemir en un murmullo:
Te necesito... Sólo a Ti... Sólo a Ti...
Mirian Riba
30/05/1999